jueves, 14 de junio de 2012

INFERTILIDAD EN LAS PAREJAS ESPAÑOLAS

Foto: Secundino Pérez

Los problemas de fertilidad afectan a un quince por ciento de las parejas españolas en edad fértil, lo que les lleva a solicitar de forma creciente técnicas de reproducción asistida. Así lo puso de manifiesto recientemente la doctora Carmen Calatayud, presidenta de la Asociación Nacional de Centros de Reproducción Asistida (ANACER), con motivo del congreso que tuvo lugar a principios de este mes en León, y que reunió a más de ochenta especialistas de quince clínicas españolas.

La doctora valoró positivamente el hecho de que las parejas estén cada vez más dispuestas a acudir a centros especializados si después de un año de relaciones sexuales no han conseguido el embarazo, aunque en el otro lado de la balanza destacó el hecho de que la infertilidad vaya en aumento. Asimismo, indicó que la reproducción asistida está más asimilada en la actualidad, especialmente por los varones, que hace años se mostraban más reacios a acudir a la consulta del especialista.

Aún así, sólo la mitad de las parejas infértiles solicita ayuda, algo en lo que influye de manera decisiva el coste del tratamiento de fertilidad, y más en estos tiempos de crisis. España está a la cabeza en tratamientos de fertilidad, pero las listas de espera de los hospitales públicos tienen un tiempo medio de espera superior a un año. La imposibilidad de tener hijos hace que aumente la ansiedad, la depresión y también las bajas laborales, según el jefe de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Virgen de las Nieves de Granada, Luis Martínez, quien señala que en España "700.000 mujeres sufren cada mes un drama al tener la menstruación".

Según datos recientes, un 3,1% de las mujeres fértiles españolas se ha quedado embarazada gracias a las técnicas de reproducción asistida. Además, cada año hay 16.000 nuevos casos de parejas con problemas de fertilidad en España.

Como factores que inciden en este aumento de la infertilidad, la doctora Calatayud citó las condiciones ambientales, disruptores hormonales, radiaciones, estrés, e incluso el tipo de vida que se lleve (drogas, tabaco, alcohol).

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