miércoles, 15 de agosto de 2012

MUJERES SIN DERECHOS EN ARABIA SAUDÍ



Desde los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996) existe un movimiento que reclama la prohibición de participar en las Olimpiadas a todos aquellos países que se nieguen a enviar a mujeres, de modo similar a como se hizo en Sudáfrica con el apartheid. En este sentido, la campaña No Women No Play sigue activa y considera que el gesto simbólico por parte de Arabia Saudí de enviar dos mujeres a los Juegos Olímpicos no pone fin a la discriminación que sufren las mujeres saudíes en el deporte.
La yudoca de Arabia Saudí Wojdan Shaherkan se ha convertido en la primera mujer de su país que compite en unos Juegos Olímpicos, algo extraordinario tratándose de un país en el que, oficialmente, las mujeres no hacen deporte ni compiten, lo que obliga a que lo practiquen de forma clandestina. Como ha denunciado la ONG Human Rights Watch, la exclusión de las saudíes del deporte es sólo un aspecto de la marginación institucionalizada que sufren. El príncipe saudí Nawaf Binb Fayal, responsable de Juventud y Deporte, exigió a las dos deportistas representantes de su país (Shaherkan y la corredora Sarah Attar), que respetasen la ley islámica, concretamente, vestir de forma modesta, la presencia junto a ellas de un familiar próximo (padre, hermano o marido) y no mezclarse con los hombres.
En los últimos Juegos Olímpicos de Pekín, en 2008, el COI prohibió expresamente la utilización de símbolos religiosos en las competiciones, a lo que hicieron caso omiso deportistas de Egipto, Irán, Afganistán y Yemen. En esta ocasión, la polémica surgida por la oposición del padre de la yudoca a que ésta compitiese sin el velo islámico, se saldó con un acuerdo entre la Federación Internacional de Yudo y el Comité olímpico Saudí que ha permitido a la deportista competir con un diseño adaptado de hiyab.
En uno de los países más ricos del mundo, es el Corán y la tradición islámica los que rigen el país. Esta circunstancia tiene trascendentales consecuencias para el género femenino, que se ve privado de numerosos derechos, incluido el derecho a conducir. En la vida pública se impone una estricta segregación de sexos, y las mujeres son consideradas eternas menores de edad que requieren un tutor masculino durante toda su vida. Desde hace un año, la campaña Women2Drive promueve la plena ciudadanía de las mujeres saudíes reivindicando su derecho a conducir. Manal al Sharif, que el año pasado osó difundir un vídeo en el que se la veía conducir un automóvil por las calles de Al Khobar, se ha convertido en el rostro de esta campaña.

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