martes, 18 de septiembre de 2012

Censuras retrógradas


La sexología ha pasado por épocas malas. En realidad toda su historia hasta mediados del siglo pasado ha sido una mala historia. Pero fueron tiempos de tinieblas y tabúes que ya íbamos dejando atrás. No solo hemos crecido sexualmente sino que hemos conseguido, entre todas nosotras, encumbrar la Sexología como una disciplina con entidad propia, tal y como la misma OMS recomendó hace tiempo (Serie Técnica Nr. 572, 1975, Informe de la OMS sobre instrucción y asistencia en cuestiones de sexualidad, Ginebra). Podemos ver nuestros frutos, los de todas las que nos dedicamos a la Sexología, en la amplia oferta formativa de nuestro país: títulos propios, universitarios y oficiales que son demandados por una población consciente de la importancia de una correcta educación sexual que busca conocimientos y formación complementaria, profesional o personal. 

Y pensábamos que estaba todo hecho. Que la Sexología había salido ya del agujero, de la persecución, del anonimato y del miedo. Craso error. 

Una página web, suficientemente conocida y reconocida nos lo demuestra estos días: emagister.com ha sido la encargada. 

El hecho es el siguiente: con la reciente obtención del reconocimiento universitario a través de la Universidad Rey Juan Carlos, la Fundación SEXPOL decidió publicitar sus cursos en esta web. Pero la sorpresa viene cuando nos deniegan esta posibilidad. Imaginad la cara que se nos queda al leer las razones por las que no permiten publicitar nuestros cursos: 

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porque el contenido de los cursos no encajan en las Condiciones Generales de Uso de Emagister. Es por esta razón que de forma voluntaria declinamos publicar cursos referidos a las siguientes temáticas, sin que por ello pongamos en duda alguna la profesionalidad y rigor de los centros y docentres que las imparten:
• Contenidos que se refieran a cuestiones eróticas, sexuales o pornográficas (incluida la sexología).
• Contenidos que se refieran a ciencias paranormales o derivados.

Ahí lo tenemos. Claro como sólo la escritura por correo electrónico puede ofrecernos: definida vagamente como cuestiones eróticas o sexuales, sitúan la sexología al mismo nivel que la pornografía. 

Las personas encargadas de estos filtros pueden estar orgullosas; orgullosas de acatar prejuicios creídos extintos hace décadas, de fomentar el miedo a la educación, de ejercitar el antiguo arte de la censura, de utilizar el poder que da la privacidad para defender valores y actitudes insostenibles bajo el paraguas de la modernidad. 

Pues desde la Fundación SEXPOL no vamos a ceder. No es nuestra intención callar sino todo lo contrario. Vamos a romper esa privacidad y declarar a quienes quieran oírnos que la sexología merece respeto (el mismo que el resto de disciplinas académicas). El estudio de la sexualidad humana nunca podrá ser erróneo o malvado merecedor de castigo y ocultación. Tenemos una responsabilidad con la sociedad, con nuestros cursos y el profesorado, también con nuestro alumnado y, aún mayor, con nosotras mismas y nuestra vocación. No es necesario apelar a los ya reconocidos Derechos Sexuales, ni a las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud. Sencillamente será suficiente declarar que LA EDUCACIÓN SEXUAL NO ES PORNOGRAFÍA. 

Cualquiera que no esté de acuerdo con esta afirmación debería analizar su escala de valores pues está menospreciando una cualidad humana inherente a su vida, tachándola de perversa. No son cuestiones eróticas, sexuales o pornográficas las que deben preocuparnos sino el miedo al conocimiento. Miedo también al placer, a la diversidad, a las relaciones humanas, a la autoresponsabilidad y a la autodeterminación sobre cómo vivir la vida. Llevamos 30 años luchando contra la ignorancia, origen de todos los tabúes, y esperamos seguir haciendo lo mismo con la misma energía y en la misma dirección.

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