lunes, 3 de diciembre de 2012

MUJERES IRANÍES


No es fácil ser mujer en Irán. A comienzos de este mes de noviembre varias presas políticas iraníes iniciaron una huelga de hambre para denunciar el trato degradante recibido. El derecho internacional y el iraní establecen que las autoridades penitenciarias deben atender las necesidades básicas de todos los presos, permitirles recibir visitas periódicas y tratarles con dignidad y respeto. Pero las reclusas encarceladas en la prisión de Evin (Teherán), entre las que hay activistas y periodistas, denuncian que fueron sometidas a registros corporales humillantes y degradantes por guardias femeninas de la Sección de Seguridad de la prisión. Estas mujeres están recluidas sólo por ejercer pacíficamente sus derechos a la libertad de expresión, de reunión y de asociación. 

Bahareh Hedayat es activista estudiantil y miembro de la Campaña “Un millón de firmas”, que tiene como objetivo poner fin a la discriminación de la mujer en la legislación iraní. Cumple una pena de 10 años de cárcel por “insultar al presidente”, “insultar al Líder” y “reunirse y conspirar para cometer delitos contra la seguridad nacional”. 

Zhila Bani Yaghoub, periodista galardonada y activista de los derechos de la mujer, fue citada en la prisión de Evin el 2 de septiembre de 2011 para cumplir una pena de un año de cárcel. Además de ser encarcelada, se le ha prohibido ejercer actividades en los medios de comunicación y periodísticas durante 30 años tras ser declarada culpable de “difundir propaganda contra el sistema” e “insultar al presidente”. 

Shiva Nazar Ahari es periodista, activista de derechos humanos y miembro del Comité de Reporteros por los Derechos Humanos. Cumple actualmente una pena de cuatro años de prisión por sus actividades pacíficas por los derechos humanos. 

La periodista Mahsa Amrabadi, detenida durante dos meses tras las polémicas elecciones presidenciales de 2009, cumple en la actualidad una pena de un año de cárcel por “difundir propaganda contra el sistema mediante entrevistas e informes”. 

Zhila Karamzadeh-Makvandi es miembro de las Madres del Parque Laleh (grupo antes conocido como “Madres en Duelo”), que hace campaña contra violaciones de derechos humanos como los homicidios ilegítimos, las detenciones arbitrarias, la tortura y las desapariciones forzosas. Muchas de las miembros del grupo son mujeres cuyos hijos fueron asesinados o detenidos, o desaparecieron, en los disturbios que siguieron tras las elecciones de junio de 2009. Fue detenida en 2011 y condenada a una pena de cárcel de dos años por “fundar una organización ilegal cuyo objetivo es perjudicar la seguridad del Estado”. 

A todos estos casos hay que añadir el de la abogada de derechos humanos Nasrin Sotoudeh, también detenida en la prisión de Evin, que inició una huelga de hambre el pasado 17 de octubre como protesta por el acoso al que las autoridades someten a su familia y por las restricciones a sus derechos de visita. Galardonada con el Premio Sajarov 2012, fue declarada culpable de “actuar contra la seguridad nacional” y de “propaganda contra el sistema”. 

Estas situaciones extremas son solo una muestra de lo que significa ser mujer en Irán. La Nobel de la Paz iraní Shirin Ebadi ha denunciado la pretensión del gobierno iraní de devolver a las mujeres al “ámbito privado, ya que no toleran su presencia en la escena pública”. Las medidas del gobierno del Presidente Ahmadineyad, cuyo mandato caduca en junio de 2013, de impedir el acceso a las estudiantes femeninas en algunas facultades científicas y la nueva política de control de nacimiento suponen un claro freno a la emancipación femenina. A estas decisiones hay que añadir el telón de fondo de la actual crisis económica: las exportaciones de petróleo se han reducido a la mitad respecto al año pasado, la inflación ha subido al 50 por cien y la moneda local se ha devaluado del 300 por cien con respecto al dólar estadounidense.

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