lunes, 8 de abril de 2013

OBESAS DE TALLA 40


Una imagen tomada hace años en la cadena sueca de ropa Åhléns, competencia directa de H&M, y publicada por Rebecka Silverkroon en el blog Becka.nu, ha circulado masivamente por todas las redes sociales a raíz de la atención que suscitó en el grupo de Facebook Women’s Rights News, que la publicó el pasado marzo bajo el título “Maniquíes en una tienda de Suecia, parecen mujeres reales. Estados Unidos debería invertir en algo similar”. La fotografía en cuestión muestra unos maniquíes femeninos en ropa interior con un aspecto físico que, a diferencia de lo que suele ser habitual, se asemejan bastante a la realidad, y ha cosechado comentarios de muy diversa índole. Tras la repercusión ahora alcanzada, su autora ha decido abrir un nuevo sitio en internet denominado swedishmannequins.com. para continuar el debate. 

En realidad, la talla que representan los maniquíes es la correspondiente a una 40, lo que debería hacernos reflexionar sobre los estereotipos y la influencia del mercado sobre la concepción que tenemos de nosotros mismos, en especial las mujeres. Los medios de comunicación persisten en fomentar la imagen de la mujer como objeto sexual, mostrándola más preocupada por su aspecto físico que por el intelectual y utilizándola a menudo como elemento decorativo o como símbolo del éxito masculino, utilizando modelos femeninos alejados de la realidad que ejercen una verdadera presión sobre las mujeres. El estudio Antropométrico de la Población Femenina en España realizado en 2008 concluía que un 40 por ciento de las mujeres tiene problemas para encontrar su talla. En Estados Unidos, las mujeres pesan de media unos 70 kilos (9 más que las de hace 40 años). Sin embargo, los estereotipos sobre la mujer perfecta la equiparan a la mujer delgada, y esta característica se asocia a la prosperidad económica, social, afectiva y profesional. De hecho, cuando una mujer quiere dar un cambio a su vida, es frecuente que lo primero que decida es adelgazar, pues lo que se sobreentiende es que uno adelgaza cuando asciende de clase social, mientras que la gordura se asocia con fealdad, abandono, suciedad, falta de control… connotaciones todas negativas, muy apartadas de los lejanos tiempos en los que la mujer obesa era símbolo de riqueza y de salud.

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