jueves, 12 de diciembre de 2013

DESPACIO, POR FAVOR


El movimiento slow, inicialmente unido al acto de comer (“slow food”, en contraposición al modelo “fast food” o de comida rápida), ha encontrado otros ámbitos donde reinar hasta alcanzar al sexual. Esta tendencia antepone el camino a la meta, la calidad a la cantidad, defendiendo un ritmo contrario al frenético que nos ha tocado vivir, lo que en el aspecto sexual significa ralentizar y disfrutar de todas y cada una de las etapas de la relación, sin marcar objetivos de antemano y sin dejar que nada impida saborear lentamente cada sensación. Excluye, por supuesto, cualquier perturbación procedente de un dispositivo móvil: una encuesta de hace unos años promovida por una compañía de aparatos electrónicos, Retrevo, revelaba que un 7% de los usuarios de teléfonos móviles en EEUU consultaban sus mensajes en pleno acto sexual. 

Cuando la rutina ha hecho aparición en una relación, y hemos prescindido de prolegómenos, creatividad y emoción por seducir y dejarnos seducir, es difícil reencontrar el camino de la excitación sexual, especialmente en el caso de las mujeres. Tomar la iniciativa, en el caso de ellas, puede tener resultados fabulosos, aún a riesgo de toparse con una negativa. Lo que sin duda es determinante es dedicar más tiempo a la fase de precalentamiento. La sexóloga y ginecóloga Francisca Molero recomienda explorar zonas no erógenas como el pelo, la parte interna de los brazos y muslos, las manos o la zona del coxis. En el sexo sin prisas, la penetración llegará o no, pero siempre respetando los tiempos femeninos. Y si llega, Diane Richardson, autora del libro “Slow sex”, propone “posturas rotativas sobre el eje de conexión genital” para retardar el orgasmo y lograr un final de intenso y máximo placer.

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