martes, 26 de agosto de 2014

IDENTIDAD Y CAMBIO SOCIAL



Intervención en la conmemoración del Vigésimo aniversario de la Escuela Española de Terapia Reichiana

Carlos San Martín González
Pedagogo y Terapeuta Sexual




Traigo el saludo de mis compañeros y compañeras de la Fundación Sexpol y el encargo expreso de manifestarles el profundo respeto que vuestra organización, hermana nuestra desde sus inicios, se ha ganado con su devenir histórico durante todos estos años.

Al iniciar una conversación sobre cualquier materia es previo y necesario, para que pueda haber entendimiento, que se establezcan acuerdos sobre el significado de los términos esenciales que se tratarán en el intercambio ideológico que se plantea. Por ello iniciaré esta conversación haciéndoos presente lo que yo entiendo por identidad, primero, y luego lo que entiendo por cambio social. En este primer apartado, desde luego, ya se irán desgranando algunas ideas personales que podrán exponeros mi postura y que creo nos servirán para la discusión posterior.

El Ser Humano, desde su más tierna infancia, está recibiendo estímulos desde su entorno que lo van condicionando, que lo van moldeando de acuerdo con los patrones imperantes en su sociedad, que lo construyen introduciendo en su existencia modelos que determinarán, en gran medida, sus valores, sus normas, sus deseos e, incluso, construirán su personalidad.

Así, T. Luckmann, autor de libros como “Teoría de la acción social”, editado en  1996, en Buenos Aires, e “Introducción a la teoría de sistemas”, también en 1996, pero esta vez editado en México, y que en 2001 publicase “Sobre la identidad” en Madrid, dice: “....los hombres aprenden a actuar mediante procesos históricos de socialización y no de cualquier manera, sino de una manera y modo determinados, lo cual debe considerarse con la mayor naturalidad, como el modo y manera de actuar en la sociedad en la que viven, en la época en la que crecen. Aprenden del prójimo (especialmente de sus relaciones) lo que es valioso y deseable, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo. Se apropian de las medidas de valor por medio de referencias morales, estéticas y prácticas....”. También señala, “La identidad funciona como un principio de control por el que se orientan los deseos, planes, actos y relaciones de un sujeto”, haciendo alusión a referentes cognoscitivos, afectivos y volitivos que estarían condicionando desde el aprendizaje la actitud vital de las personas frente a las demás y, sobre todo a si misma, con lo que se siente cómoda porque coincide con los modelos básicos imperantes.

Sin embargo hay que matizar que cada individuo, de acuerdo a sus potencialidades, desarrolla una identidad propia que, identificándole en lo general con su entorno, introduce elementos particulares que lo distinguen, estableciendo así su impronta propia que le diferencia de los demás, sin romper el contexto global que le hace único y distinto dentro de la similitud  propia de su grupo socio cultural.

Los modelos que se van implantando en cada sujeto, al funcionar,  lo hacen de manera espontánea, de forma inconsciente o subconsciente; son modelos que repiten lo aprendido y que, sean positivos o negativos para el sujeto, se harán presente en sus actuaciones. Cuando se viven en términos positivos se disfrutan y se intenta volver a vivirlos. Cuando se viven negativamente se trata de cambiarlos pero con la condición de mantenerse dentro de los límites que la propia cultura señala. De esta manera nos hayamos, con disfrute o sufrimiento, viviendo modelos imperantes en la sociedad en que nos encontramos. Esto es lo que se entiende por identidad.

Así se comprende que la identidad de una persona tiene que ver con sentirse integrada a su contexto social, confundida con sus usos y costumbres, con sus enfoques sociales, adaptada a sus valores. Y si la identidad es real debe sentirse cómoda en ella.

Y cuando las personas deben trasladarse desde un lugar a otro, cuando por razones particulares deben cambiar de hábitat, se encuentran con valores diferentes, con otras estructuras sociales que, en muchos casos, difieren de la identidad propia. En estos casos se vive un proceso de enculturación, es decir, se integran o, simplemente, quedan excluidas del nuevo grupo humano que, por las dificultades en la adaptación, les rechazarán. Serán mejor acogidas quienes asuman los valores de su nuevo contexto social.

Pero los valores imperantes en una sociedad van, poco a poco, modificándose con el paso del tiempo. Es imposible la eternidad en  las estructuras sociales, en los usos y costumbres.

Existe una relación dialéctica entre el individuo y su sociedad. La sociedad interviene en la  estructuración de los valores de los individuos, en sus formas de pensar, de sentir o de actuar. La sociedad moldea a las personas que la componen. Pero, a la vez, las personas que componen una sociedad la afectan, la modifican paso a paso. Así, dialécticamente, se van produciendo modificaciones que, lenta y casi imperceptiblemente, cambian a una sociedad produciendo enfrentamiento entre quienes desean mantener las estructuras básicas de la sociedad y quienes desean ir modificándolas para adaptarla a las condiciones nuevas que los individuos han creado.

Se producen, de esta manera, enfrentamientos de grupos que defienden a veces posturas encontradas  y que obedecen a intereses reales, propios de su situación social, económica y cultural, pero que no pocas veces sirven a intereses ajenos, que no corresponden a su propia realidad sino que, como producto de intervenciones educativas que tergiversan la realidad, obedecen a intereses de otros.

Los cambios sociales son inevitables pero se pueden manipular para intentar ralentizar lo más posible su aparición o para desviar su influencia en direcciones que sirvan a determinados intereses que no van en la dirección que el cambio está determinando sino al servicio de esos intereses, aún cuando la mayoría de la población se vea perjudicada por ello. Para esto se crean estructuras de poder que organizan la vida social, que condicionan la dirección del cambio. De esta forma vemos la aparición de un conjunto de organizaciones que van desde la iglesia como condicionante ideológico hasta la familia como determinante social pasando por la escuela y la universidad en donde también están presentes los presupuestos ideológicos de las organizaciones de poder.

Visto así el problema pareciera que los cambios fuesen imposibles de realizar o, al menos, que nunca pudiesen llevar la dirección que determinan las propias circunstancias. No es así. Los cambios se producen irremediablemente pero para ello es preciso llevar adelante algunas cuestiones básicas que a mi entender no son fáciles de conseguir. Por lo tanto los cambios se producirán de todas formas. La cuestión es que el cambio sea aceptado por los sectores que controlan la toma de decisiones políticas dentro del grupo humano a que se refiera el cambio.

En los diferentes grupos humanos surgen condiciones objetivas que conducen a la necesidad de modificar estructuras para el cambio. Se modifican situaciones concretas como producto del avance de la Ciencia y de la Técnica. El pensamiento humano, por lo tanto, debe adaptarse a estos avances y aceptarlos aún cuando en ciertos casos esos avances modifican negativamente la situación particular de algunas personas. Y los sectores que se ven perjudicados con el cambio tienden, si les es posible, a desinformar, a tergiversar, a engañar si es necesario a fin de confundir a los que pudiendo favorecerse con el cambio, piensen lo contrario y actúen en contra de sus propios intereses para permitir solo aquellos cambios que superficialmente modifiquen la situación para que, esencialmente, no cambie nada y se mantengan las situaciones de privilegio tenidas hasta ese momento.

Para ello es preciso no descuidar la configuración ideológica de las nuevas generaciones controlando la educación formal y los medios de comunicación de masas, léase periódicos, radios, canales de televisión y todos aquellos medios que lleven a la población ideas que se encuadren dentro de los presupuestos ideológicos imperantes y que, al dar privilegios a los sectores que controlan dichos medios, se desea mantener.

           
Los sectores conservadores, que tradicionalmente han estado en el control de los cambios, se podrían identificar con relativa facilidad si existiese un conocimiento objetivo de la realidad. Sin embargo esto generalmente esta vedado para la mayoría de la población ya que no está en su mano determinar los modelos culturales que regirán su existencia. Se pregona la necesidad de establecer normas democráticas de control a la población y luego quien determina cuáles son esas normas son los mismos grupos de poder. Y si se han establecido normas que en ciertas condiciones impidan a los grupos de poder realizar determinadas acciones que les interesan tienen generalmente dos opciones: o cambian las leyes para sus nuevos intereses o, simplemente se saltan las leyes, como en Guantánamo.

Sin embargo los cambios, hemos dicho, son inevitables dado que, momento a momento, día a día, se están produciendo pequeñas transformaciones que, incluso, son difíciles de detectar. Y estos pequeños cambios se van sumando a otros pequeños cambios que, llegado un determinado momento, pesan tanto que se produce la transformación, una especie de quiebre objetivo ante una situación que lucha subjetivamente por mantener privilegios.

Es entonces cuando los sectores conservadores intentan adaptarse, aunque a regañadientes, a las nuevas contingencias tratando de sostener y salvaguardar lo más posible del entramado anterior, perdiendo algunos privilegios pero tratando de mantener el máximo posible de ellos.

Y vuelta a empezar.

Valdría la pena, en mi opinión, plantearse desde nuestra posición de trabajadores del intelecto lo que pudiese facilitar el cambio. Creo que lo que mayores beneficios pudiésemos prestar al cambio social es el que, cada cual desde su puesto de trabajo y en contacto con personas, ya sea individualmente, en parejas o en grupos, pudiésemos entregar el máximo de información avalada por la Ciencia permitiendo a las personas a tener un conocimiento real de las cosas que les permitiese tomar determinaciones por ellas mismas, ejerciendo una real libertad. Sin embargo lo que mayormente impera es la tendencia fácil de intentar repetir los modelos que la cultura nos entrega sin enseñar a razonar, a ver lo que en esencia es más importante para cada cual.

Por otra parte estimo que como miembros de una sociedad tenemos la obligación moral de intervenir, dentro de nuestras posibilidades, en el campo de lo político e ideológico general a fin de influir de manera concreta y lo más eficazmente posible en aquellos cambios que se estima favorecerán a la mayoría de la población.

La verdadera libertad, pienso, está en  ejercer la  toma de decisiones personales por si mismo buscando su interés personal pero sabiendo que su interés personal no puede arrollar el interés de los demás. Que la persona  puede equivocarse pero que desde el error es posible, con buena voluntad, crecer. Que el verdadero cambio siempre deberá ser positivo y que lo que es positivo para una persona también puede y debe serlo para las demás.
                       
Y lo importante es que cada individuo se asiente en su realidad, buscando identificarse consigo mismo, con su realidad, de manera positiva, cómoda. Que su identidad sea libremente asumida para si mismo y por si mismo.

Finalmente deseo expresar que estimo que la función de quienes ejercemos la noble tarea de educar, de colaborar para que las personas se encuentren mejor consigo mismas y con los demás, de ayudar a crecer a quienes llegan a nosotros en busca de soluciones a problemas reales en ellos que les impiden ser felices, es contribuir a abrir sus mentes al cambio, primero individual y que devendrá inexorablemente en cambios que, sobre todo, las nuevas generaciones podrán disfrutar. Hoy nosotros gozamos de privilegios nacidos de los esfuerzos ejercidos por muchísimas personas que a través de la historia han dejado su huella con errores y aciertos.

En mi campo, el de la sexualidad humana, hoy podemos gozar de una libertad que se cimentó en hogueras, manicomios, prisiones, aislamientos o discriminación. Los cambios que hemos tenido en algunos casos aún no están totalmente asentados. Es nuestra tarea intentar modificar criterios o enfoques. Pero de ninguna manera imponer ni criterios ni enfoques. Mostrar realidades diferentes y permitir que las propias personas vayan ejerciendo el cambio, primero cuantitativo, poco a poco, para después llegar a cambios cualitativos que nos permitan avanzar. Pero nunca se llegará al final. Siempre habrá cambios que nos permitirán crecer.

 
Revista SEXPOL, Noviembre/Diciembre 2005 NÚMERO 67

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