lunes, 25 de mayo de 2015

La infidelidad desde una perspectiva socio-cultural y de género


Cuando hablamos de infidelidad en la pareja, automáticamente lo relacionamos con la sexualidad. En la actualidad, la exclusividad sexual es la norma que tiene más fuerza en el matrimonio occidental. La mayor parte de las personas casadas esperan exclusividad sexual de parte de sus parejas. No obstante, las relaciones extrapareja se siguen presentando con gran frecuencia y son incluso la principal causa de los divorcios y separaciones a nivel mundial. La infidelidad se da cuando una persona incumple las promesas hechas implícitas o explícitas al adquirir un compromiso de relación de pareja. Sin embargo, el lenguaje cotidiano tiende a tergiversar este concepto de forma que la infidelidad se entiende como el contacto o acercamiento afectivo o sexual con otra persona ajena a la relación. Lo que frecuentemente se entiende por echar una canita al aire, tener un amante, una aventura o lio de una noche. Efectivamente esto puede verse como incumplimiento de lo acordado por la relación, sin embargo, la infidelidad no se restringe sólo a eso, sino que abarca el incumplimiento de todas las promesas implícitas y explicitas que se hacen cuando se forma esa relación. Por ejemplo, alguien de la pareja puede sentirse ofendido porque su compañero no le ha incluido en una decisión que incumbe el futuro de ambos, de forma que incumple el compromiso de tomar las decisiones de su futuro juntos. Así pues, el concepto de infidelidad en la pareja es relativo. Los límites de lo que se considera una infidelidad varían de persona a persona. Y las relaciones sexuales pueden estar presentes en ese punto o no. La mayoría de las parejas establecen sus propias reglas acerca de lo permitido o no en su relación. En cualquier decisión tomada en pareja, es conveniente que exista acuerdo entre ambos. Los problemas suelen surgir cuando las reglas del juego no están claras, o cuando alguno las rompe o las infringe de forma que se saltan algunos de esos acuerdos. Esa actitud es vivida como una traición y/o violación de lo que acordaron y de la confianza depositada. Todo esto es independiente de si hubo o no, algún compromiso legal.

A lo largo de la historia, el significado que tiene la fidelidad y la infidelidad ha ido cambiando. La forma de interpretar la infidelidad y de practicarla varía en los diferentes contextos socioculturales. Por ejemplo, en Grecia y Roma se consideraba que un hombre era infiel si tenía relaciones sexuales con una mujer casada (que no fuera su esposa), pero no lo era si lo hacía con esclavas, concubinas o prostitutas. De esta manera, lo que consideramos infidelidad puede variar de una cultura a otra y de una época a otra. Es un fenómeno que está en continuo cambio y que se vivencia de forma única y particular en cada pareja que lo experimenta. Sea cual sea la forma en cómo se conceptualiza este hecho, para los expertos de hoy en día, tiene diferentes explicaciones.

Una de estas explicaciones se centra en la teoría de Engels en su trabajo “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”. Según esta teoría, la infidelidad tiene su origen en el matrimonio monogámico, ya que en matrimonios con más miembros donde se establece la poligamia, no existe el concepto de infidelidad. Es un fenómeno instaurado por el patriarcado que legitima y estigmatiza a hombres y mujeres respectivamente. El matrimonio monogámico, fruto del poder masculino, sirvió para asegurar la fidelidad de la mujer y de esa forma garantizar la paternidad indiscutible de los hijos (sus herederos), regulando y anulando la sexualidad femenina con duros castigos a las conductas infieles de las mujeres, y al mismo tiempo legitimizando la infidelidad masculina que no se condenaba con tanto rigor y era más aceptada y tolerada.

Esto hace pensar que la monogamia no tenga nada que ver con el amor siendo una construcción hasta cierto punto artificial, puesto que la finalidad básica de la familia no era el amor, sino la protección de los hijos que eran los futuros herederos del patrimonio. De esta manera, surge la doble moral y la hipocresía junto con la aparición de los prostíbulos, donde el hombre encuentra el placer sexual que negó a la mujer. Así es como la monogamia funcionó durante mucho tiempo, con estas “vías de escape” que les permitían sobre todo a los hombres disfrutar del sexo de una forma pseudoliberada, mientras que a las mujeres se las limitaba a ocuparse de la casa y de sus hijos sin derecho a gozar de su sexualidad libremente.

Finalmente, en la actualidad al originarse un cambio en la concepción de la pareja, la infidelidad entendida como situación de crisis ha tenido unos cambios que responden a la lucha de la mujer por la igualdad de género que se ha evidenciado desde hace algunos años. Es por esto que a pesar de que la infidelidad masculina contiene menos estigmatización que la femenina, la mujer de hoy reclama sus derechos y exige que se le otorgue una concepción igualitaria a la infidelidad femenina. Por tanto, cuando la infidelidad aparece, podría tener en la actualidad implicaciones similares en ambos sexos.

Como decíamos, la infidelidad puede surgir en situaciones de crisis en la relación, y en este caso, suele tratarse de parejas que viven con vacios e insatisfacciones. Podemos encontrarnos con muchísimas causas para iniciar y mantener una infidelidad, intentaré mencionar las más habituales: la falta de gratificación sexual o emocional; carencias afectivas; el nacimiento de los hijos, vivido por el hombre como un posible distanciamiento afectivo de la mujer a causa de su implicación en el futuro hijo; un intento de tapar sentimientos de soledad, pérdida, desilusión, dolor y tristeza; las relaciones de poder y la incapacidad de comunicarse abiertamente sobre cuestiones que pudieran estar causando incomodidad dentro de la relación de pareja, así como la incomprensión y falta de entendimiento; la monotonía, el aburrimiento, la falta de novedad, pasión e intimidad; la búsqueda de aventura y curiosidad sexual; el abandono del hogar por parte de los hijos (“nido vacío”), de forma que la pareja se encuentra entre ellos un gran vacío; al principio de la relación cuando la pareja están luchando por establecer los límites de su compromiso e intimidad; por venganza y hostilidad; y cuando parece claro que la pareja no corresponde a la imagen idealizada. También algunos autores sostienen que es frecuente descubrir una repetición de un patrón de infidelidad de la familia de origen ya sea del padre, la madre o ambos. Estas y otras muchas pueden ser las causas que originen una infidelidad. Al margen de estos motivos por los cuales alguien decide iniciarla, esta es indicadora en la mayoría de los casos de que la pareja como conjunto tiene una crisis, necesita "algo más" o "algo diferente" en su interacción, y en su vida en general. Es una manera problemática de intentar suplir una necesidad a nivel de pareja. Aunque esto no necesariamente implica el rompimiento del vínculo o la falta de amor.

Pero… ¿qué ocurre cuando alguien nos engaña? Las reacciones pueden ser muy diversas, aunque lo que está claro es que las consecuencias pueden ser muy dolorosas. Los valores que originaron la unión, como la confianza, el respeto, la sinceridad y la lealtad se desmoronan y en su lugar llega el desengaño. Tras la infidelidad surgen sentimientos de rabia, pena, dolor y una gran falta de confianza en la otra persona. El pensamiento típico es: “Si ya me engañó una vez seguramente lo hará otra”. La persona engañada tendrá dificultades en volver a creer, en confiar nuevamente cuando no se cumplió con lo que tenían acordado. También se desencadena un déficit en el nivel de intimidad de la pareja así como un ataque a la autoestima, a la solidez de la relación y al sentimiento de pertenencia de la pareja ya que se cuestiona el amor de la otra persona: ¿quién soy para mi pareja, quién he sido para ella y quiénes hemos sido a partir del engaño? Por su parte, el infiel, también puede sufrir ya que quiere que se olvide el engaño y en el mejor de los casos que se le perdone. Suelen experimentar sentimientos de culpa, enfado y ambivalencia.

En el momento en que se descubre la infidelidad, se inicia un conjunto de situaciones en el mundo interior de la relación, en el que pueden surgir posibles nuevos conflictos y dificultades que antes no habían surgido o estaban latentes, y que por lo tanto, se pueda estar pensando en una posible ruptura. Esta situación que nace después de la infidelidad, es vivida de forma particular por cada pareja, y la reacción que surge en esta situación de crisis es enfrentada y resuelta por las personas según la experiencia subjetiva que se construya frente a la infidelidad.

Muchas veces, se decide continuar la relación de pareja, por motivaciones subjetivas como: la relación construida, los hijos, el querer mantener la familia unida, mantener el estatus social y económico, la esperanza a un cambio, la costumbre, el miedo a lo nuevo, a la pérdida del ser amado, al desafío de rehacer su vida afectiva, el temor a la soledad, y a los prejuicios sociales. Normalmente en estos casos se suele perdonar, ignorar o evadir la situación. Perdonar o no la infidelidad depende de la persona y del tipo de relación que existe. En el caso de continuar con la relación de pareja, será necesario vivir una especie de duelo, pero aún después de este periodo, es posible que la relación no vuelva a ser la misma. Esto no quiere decir que el cambio sea necesariamente negativo, es posible que después de la infidelidad, la relación de pareja mejore y se consolide aún más.

Lo que sabemos es que, en general, los hombres tienen una tasa de infidelidad más alta que la de las mujeres. Estas diferencias se asocian a los roles de género, a los procesos de socialización y a las creencias sociales sobre lo propio para cada sexo. Pero en la actualidad, la infidelidad femenina está creciendo de manera significativa. Este incremento puede deberse a los fuertes cambios sociales que se han venido dando en los últimos años, como el cambio de rol en la mujer y su progresiva entrada en el mundo laboral, la posibilidad de controlar la natalidad mediante el uso de los métodos anticonceptivos o una mayor búsqueda de relaciones de pareja más simétricas y equitativas.

Sin embargo, en las mujeres parece existir una mayor reacción emocional que en los hombres ante cualquier tipo de infidelidad, ya sea emocional o sexual. La infidelidad sexual se refiere a la actividad sexual con alguien más a parte de la pareja. Y la infidelidad emocional ocurre cuando alguien de la pareja establece una relación de cercanía, afecto y apoyo emocional con otra persona, y no necesariamente incluye una relación física o sexual. Si hacemos un repaso y revisamos toda la literatura al respecto, se comprueba que hay un gran número de investigaciones de las que podemos sacar todo tipo de conclusiones. Sin embargo, considero que esto se debe más bien a un factor cultural que algo inherente o propio del sexo femenino. Tengamos en cuenta que las diferencias de género pueden aparecer en todos los ámbitos de la vida en pareja, y este caso no iba a ser la excepción.

El género tiene una gran influencia en este fenómeno puesto que es el responsable de las creencias aprendidas sobre el papel tradicional de mujeres y hombres. Las normas y roles de género dominantes en un determinado contexto van a determinar la percepción que hacen tanto unos como otros de sus compañeros, creando diferentes expectativas ante el comportamiento social de cada sexo. Mujeres y hombres internalizan los conceptos de feminidad y masculinidad dominantes en su cultura y construyen su desarrollo emocional en base a ello, lo que origina un proceso distinto de socialización en cada uno de los sexos. De esta forma, encontramos diferencias, en las actitudes hacia la infidelidad según el sexo de la persona. La imagen del hombre infiel suele ser más frecuente y mejor tolerada a diferencia de la mujer infiel que suele con frecuencia ser condenada o mal vista. Aparece un doble rasero por el cual en el hombre se reconoce su hipersexualidad y su insatisfacción sexual como una forma de justificar su infidelidad, y sin embargo, esto mismo no es un motivo válido para aceptar la infidelidad en el caso de las mujeres. Esta supuesta naturaleza del hombre, sirve para justificar muchas de sus infidelidades. Pero creo que alegar a una característica propia de los hombres esa infidelidad, es limitar mucho su naturaleza masculina. Si bien es cierto que clásicamente se ha sostenido que el varón es infiel por naturaleza siendo su objetivo transmitir sus genes y tratar de que se perpetúen sus características, también es cierto que la concepción social y la permisividad de algunas sociedades que tienen con respecto a la infidelidad masculina promueven la misma. Desde el punto de vista antropológico también se sostiene que el hombre necesitó transmitir sus genes y por eso se vio influenciado por sus instintos a tener sexo con el mayor número de hembras posibles para perpetuar la especie. En la actualidad, el sexo se ha separado hace mucho tiempo de la procreación, y la mayoría de las personas tienen relaciones sexuales sólo por placer y no con intenciones de perpetuar la especie. Por eso, los razonamientos biológicos y antropológicos son muy importantes pero no permiten explicar el fenómeno por completo.

Desde el punto de vista social, el hombre tiene más facilidades que la mujer para cometer las infidelidades. Por un lado, porque es mejor tolerada la infidelidad masculina que la femenina por los motivos que hemos visto. Por otro lado, porque existen lugares como los prostíbulos y diferentes clubs en donde muchos hombres encuentran sexo rápido y anónimo. En estos sitios es fácil encontrar a alguien con quien tener una aventura pasajera o sólo un encuentro fugaz. También hay algunos lugares similares para las mujeres pero son pocos porque no son muy demandados y el mayor consumidor de estos servicios es el hombre. Y por último, destaco la posibilidad que tiene la mujer de quedarse embarazada en una situación de infidelidad si no se toman las medidas oportunas. Como consecuencia, puede salir a la luz ese engaño más fácilmente en el caso de la mujer que en el caso del hombre, además de sufrir mayor rechazo social. Se puede creer o no en la palabra del hombre, pero en la mujer resulta evidente por su embarazo. Y aunque también le pueden descubrir a él, creo que tiene más facilidad para ocultarlo si lo desea y no hacerse cargo de la situación. Podría negarlo, y solo sería posible que se confirmarse la paternidad realizando una prueba de ADN. La situación podría alargarse y sería necesario solicitar un proceso judicial para demostrar su paternidad en caso de que esa persona siguiera negándola y rechazase someterse a la prueba. También puede ocurrir que la mujer engañe a su pareja dando por sentado que el hijo es de ambos si se tratase de una pareja formada por un hombre y una mujer. Pero en cualquier caso, ella tendría que pasar por el embarazo, decidir si lo tiene y si lo cría o no. Y en caso afirmativo, responsabilizarse de su crianza con todo lo que conlleva. En cambio, si es un hombre el que ha cometido la infidelidad dejando embarazada a otra mujer, tiene más facilidad para no responsabilizarse de la situación si no quiere y de ocultarla, ya que ante los ojos de su pareja no hay embarazo que esconder, salvo que sea esa otra mujer quien decida contarlo. Y además, en el caso de que el embarazo fuera fruto de un encuentro fugaz o casual con una persona con quien no hubiera forma ya de volver a contactar con ella, sería imposible que se hiciese cargo de su responsabilidad.

Con todo, esta visión puede parecer un tanto heterosexista, porque deja de lado las relaciones homosexuales o bisexuales. Al llegar a este punto yo me pregunto: ¿Una pareja de mujeres será menos infiel porque en la mujer no existe esa predisposición como en el hombre a ser infiel? Y en una pareja de hombres, ¿habrá más infidelidades comparado con el resto de relaciones por el hecho de ser hombres? ¿Qué factores tienen más peso en este tipo de relaciones? Al parecer, en las relaciones homosexuales o bisexuales se rompe esta afirmación de que el hombre es infiel por naturaleza. Son otros los argumentos que toman fuerza en este sentido. Los engaños aparecen como en cualquier otro tipo de pareja, y los motivos para cometerlos, ya hemos visto que pueden ser muy variados. En el caso concreto de las parejas gays, he percibido que existe la creencia muy extendida de que al tratarse de una relación entre hombres, la infidelidad está a la orden del día, y si bien esto es cierto en algunos casos, parece ser que no se dan más infidelidades que en las parejas heterosexuales. Las posibilidades de engañar y tener alguna relación ocasional facilitan que haya más infidelidades en los hombres en general, independientemente de su orientación sexual. Por eso, no me atrevería a afirmar que la infidelidad guarda relación con la orientación sexual o el sexo de cada cual. Todo depende de cada persona y sus circunstancias.

Hoy en día, en nuestra cultura (la occidental) se propone un único modelo de relación, con unas normas iguales para todos. La monogamia es valorada como el mejor estado, por tanto, no hay lugar para unas relaciones variantes y diferentes. Damos por hecho que el mismo modelo de relación vale para todo el mundo sin tener en cuenta las diferentes realidades, necesidades y deseos de cada cual. El resultado es que muchas personas se sienten incómodas con el modelo establecido y les resulta difícil construir otro tipo de relación. Esto hace que la infidelidad, pueda convertirse en el camino más fácil o una vía de escape para resolver las insatisfacciones que conlleva vivir dentro del modelo establecido. Poco a poco la gente comienza a vivir su sexualidad de forma más libre y las categorías y conceptos sociales sobre la infidelidad van cambiando día a día. Se están generando nuevas alternativas de vinculación, aunque por el momento no son aceptadas de forma unánime, que requieren nuevas maneras de conceptualizar la fidelidad. La mayoría de estas modalidades rompen con la idea tradicional de la misma, van en contra del ideal de amor romántico para toda la vida y el mito de la” media naranja”. Así que tenemos que ser conscientes de que nadie puede satisfacer por completo todas nuestras expectativas. Cada pareja (o trío, cuarteto, etc.) debería preguntarse cómo desea vivir su relación y en definitiva qué consideran que les hará tener una vida feliz. Siempre que haya empatía y confianza mutua, comprensión y respeto, habrá fidelidad. En el sentido de que seamos fieles a nosotros y sepamos pedir de forma respetable, lo que deseamos y necesitamos a nuestra pareja, sin imponer ni exigir nada a nadie de manera que procuremos el bienestar de cada miembro de la relación.

Nosotros mismos y el conjunto de la sociedad construimos el sentido y el significado que le damos a la fidelidad y a la infidelidad. Hay muchas maneras de ser fiel o infiel. Fidelidad en la relación puede implicar diferentes formas de lealtad: lealtad a una idea común, al compromiso de cuidar y proteger o a la exclusividad sexual. Teniendo en cuenta todo esto, invito a la reflexión: ¿Podemos considerar que existe fidelidad en una relación en la que alguien maltrata física o psicológicamente a su pareja, pero que sólo mantiene relaciones sexuales con ella? No lo creo. Una persona que ni cuida, ni valora y ni presta la menor atención a su pareja; además de no contar con ella para nada, llegando incluso a agredirla, no está siendo fiel a su pareja por muy fiel que sea sexualmente hablando. No hay empatía, ni confianza mutua, ni comprensión y ni mucho menos respeto. Sin embargo, en la sociedad creo que esto no es considerado como infidelidad porque no hay relaciones sexuales con otra persona ajena a la relación. En cambio, ¿qué ocurre cuando en una pareja ambos se cuidan mutuamente, se preocupan y se esfuerzan por el bienestar de cada uno, pero alguien comete el error de tener un encuentro sexual con otra persona que no es su pareja? A pesar de que se muestre muy arrepentida, y de que sólo ocurriera una vez, esa persona es tachada de infiel, castigada y desde luego cabe la posibilidad más que probable de que esa relación no continúe. Y aquí planteo otra reflexión. Si bien es cierto, que en un momento puntual, ha engaño a su pareja, ¿merece la pena echar por la borda todo lo que comparten como pareja y les hace felices por un solo error?

¿Acaso no cometemos errores todos que a veces molestan o hacen daño a nuestra pareja y viceversa? Y en cambio decidimos continuar con esa relación porque sabemos que a pesar de ello, nos sigue aportando cosas positivas y somos conscientes de que todos cometemos errores y nadie es perfecto. Con esto no justifico esa infidelidad, pero si llamo la atención sobre la manera en que limitamos la misma sólo a las relaciones sexuales fuera de la pareja, y el impacto tan negativo que tiene comparado con otras formas de ser infiel, que a veces podemos pasar por alto, y que incluso pueden llegar a ser más graves. De esta forma, considero que puede existir fidelidad en una pareja en la cual una persona de la relación, mantiene encuentros sexuales con alguien que no sea su pareja. Siempre y cuando haya sido una decisión deseada y tomada libre y conscientemente por ambos. Por eso, limitarla sólo a la exclusividad de las relaciones sexuales entre los miembros de una relación, supone bajo mi punto de vista una visión simplista y reduccionista de este fenómeno. Todo vínculo tiene sentido; su sentido.

Esther Fuentes de Diego, Máster en Sexología y Género Fundación Sexpol

Publicado en Revista SEXPOL nº 115, octubre-diciembre 2014


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- Javier Martín Camacho. “Fidelidad e Infidelidad en las Relaciones de Pareja Nuevas respuestas a viejos interrogantes”.

RM/xt

2 comentarios:

  1. me agrada mucho el articulo actualmente estoy realizando mi proyecto de tesis y me gustaría poder utilizar algunas ideas
    como puedo contactar a la autora del articulo?
    gracias

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    1. Escribe a roberto@sexpol.net y te pondré en contacto. Gracias

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