viernes, 12 de junio de 2015

LA INFECCIÓN POR VIH. Los mecanismos de la homofobia interiorizada



Mario Gatti Díaz, Terapeuta Gestalt

La relación entre sida y homosexualidad se remonta a los orígenes de la pandemia. La homofobia, por supuesto, es muy anterior(1). Si antes fue pecado, y luego delito, desde el siglo XIX fue considerada una enfermedad, y así se mantuvo en Occidente hasta 1973, siendo quitada por la OMS de la lista de enfermedades, con efectos mundiales, en 1990. Sin embargo, el sida vino a revitalizar el vínculo entre homosexualidad y patología, lo que potenció la homofobia. Los primeros casos fueron descritos en homosexuales, y antes de ser denominado sida en 1982, el mal fue llamado “deficiencia inmunitaria ligada a la homosexualidad” e incluso “cáncer gay” porque se creía que la causa era el “estilo de vida gay” (muchos partenaires sexuales, penetración anal y consumo de drogas como los poppers)(2). En 1983 se confirmó que el sida era producido por un virus sexualmente transmisible, que fue aislado en 1984. Al año siguiente se realizaron las primeras pruebas que al medir los anticuerpos permitan saber quien estaba contagiado. Aunque se sospechó que había ciertas prácticas que facilitaban la transmisión, las primeras campañas se demoraron, en parte también por el peso de la homofobia. Quizás se entendió que la sociedad no estaba aun preparada para recibir consejos de salud sexual, no sólo en España, donde la homosexualidad acababa de ser despenalizada en 1979, sino también en países como Francia, donde la despenalización llegó en 1982. Allí sus autoridades mantuvieron la prohibición de la publicidad de los preservativos hasta 1987(3). Las consecuencias fueron la expansión de la epidemia por toda la población, aunque durante años las muertes de gays hayan sido mayoritarias. Esto dio origen a una durísima lucha en la que destaca Act-Up, creada en Estados Unidos en 1987 y luego en Europa, para sacar a los estados de la parálisis cuando las personas morían a diario(4).  En España, en 1987 se creó la comisión que velaba por los programas de prevención del sida y se lanzó la primera campaña dirigida en esa ocasión a los usuarios de drogas: “No te piques el sida. Haz sexo seguro”. Recién en 1990 y en medio del revuelo de ciertos medios, una campaña promovió el uso del preservativo con “Póntelo, pónselo”. “Cuídate”, la primera campaña estatal de prevención del VIH dirigida a los HSH(5)  fue lanzada por Stop Sida en 1993(6) . El inmovilismo de los estados reforzó la acción de los grupos de homosexuales en defensa del colectivo que parecía diezmarse a pasos agigantados, promoviendo la solidaridad con los afectados y las prácticas de sexo seguro. Este “sexo seguro” –que preconizaba el uso del condón durante toda la práctica del sexo oral y anal, entre otros consejos sirvió para reducir la incidencia de los contagios entre los HSH. Su aceptación fue rápida para una mayoría de ellos, e implicó un cambio enorme en los hábitos sexuales, porque hasta entonces, el preservativo no era utilizado entre hombres. Desde luego, el cambio fue facilitado por la situación de pánico -dado que el contagio implicaba deterioro y muerte a mediano plazo- y porque era promovido también desde las mismas asociaciones de homosexuales que acompañaban a los enfermos de sida. Sin embargo, no todos los concernidos adoptaron esas prácticas preventivas, como evidencia la existencia de nuevos contagios entre personas que antes habían resultado ser negativas al test. Antes de detenerme en las razones para que alguien consciente del riesgo, mantenga una práctica sexual no protegida, quiero destacar el papel de la homofobia interiorizada(7)

La homofobia interiorizada


La homofobia interiorizada es un conjunto de representaciones mentales presentes en una persona por las que ser homosexual se considera inferior a ser heterosexual. En el plano de los sentimientos, el afectado siente vergüenza y culpa, que no son intrínsecos a sus deseos homosexuales sino al entorno hostil en que vive y que pueden llevarle a conductas autodestructivas. Sufre también ansiedad ante situaciones en que debe manifestar directa o indirectamente su homosexualidad, lo que le lleva a evitarlas, aunque perjudique sus relaciones sociales y/o sentimentales. Se acompaña de una autoestima baja, que proyecta también sobre los demás homosexuales, alcanzados por sus propios prejuicios, y le dificulta estructurar una red social con sus iguales. El resultado es el aislamiento y ser más vulnerable al VIH, como luego veremos. La homofobia interiorizada se gesta a edades tempranas, a veces incluso antes de saber lo que es la sexualidad. Son los propios compañeros de escuela quienes comienzan a llamar “maricón” (o algo equivalente) a uno de sus iguales. Continúa en los institutos donde las agresiones suelen crecer, motivando la diferente tasa de intentos de suicidio entre los adolescentes percibidos como  heterosexuales y quienes “tienen pluma” o son tomados por homosexuales(8) . Al crecer, la homofobia es perpetuada por la propia sociedad en que vive. Es importante recalcar la dinámica diferente de esa experiencia represiva con la vivida por los acosados por racismo o por defectos físicos, y que suele favorecer la interiorización del odio: estos adolescentes saben que cuentan con el apoyo familiar, sea porque la familia comparte con ellos los rasgos étnicos y sus vivencias, o porque al menos aceptan al acosado más allá de la excusa con que lo agreden. El adolescente acosado por homofobia no siempre cree que será aceptado por su familia, esto le hará difícil compartir su sufrimiento y lo padecerá en secreto. Las emociones no expresadas están en el origen de su ansiedad, de ahí la desesperación que los conduce a veces al suicidio. Para los acosadores también hay una diferencia, y es que todos saben que no corren peligro de cambiar de etnia, pero sí de ser tomados ellos mismos como homosexuales, lo que empeora sus actitudes. Las reacciones son diversas y están también en relación con el carácter. A veces, la respuesta de los afectados es desarrollar una conducta reactiva, al servicio de los demás, como para “hacerse perdonar” eso que no pueden asumir. Otras, desarrollan conductas contrafóbicas en las que el miedo es combatido por ejemplo con vigorexia, construida en muchas horas semanales en los gimnasios, o la supresión de cualquier vestigio de “pluma”. Otras, caen en la desconexión de sí y de los demás, tardando años en generar vínculos. Y por supuesto, están las adicciones, que comentaré luego. Estas conductas actúan sobre los efectos de la ansiedad sin tocar sus causas, y además, cada respuesta tiene su propio coste, que muchas veces vuelve a potenciar la ansiedad. Al sentirse peor como persona, se agrava la fragilidad proveniente del pobre concepto de sí mismo, lo que profundiza su homofobia. A veces, cuando la situación cambia a mejor, por ejemplo si cede la homofobia social, no consigue integrar ese cambio positivo, lo que evidencia la indefensión aprendida que padece.

Razones y mecanismos en la desprotección


Hay muchos factores que inciden en el proceso de infectarse con VIH. Alguien que ha pensado en suicidarse ha sentido ya bastante desapego a la vida. Si el autoconcepto no ha mejorado tras la adolescencia, el riesgo persiste, y la infección “encaja” con la idea que tiene de sí mismo. El aislamiento autoimpuesto lo aleja de los grupos de homosexuales donde se divulgan y realizan acciones más cercanas para la prevención de las ITS. Indagando en las razones concretas por las que se puede incurrir en un riesgo ocasional de desprotección, Fernández Dávila cita entre ellas: la tentación de validar el propio atractivo físico si se considera que el de un partenaire que no quiere usar condón es mayor; la urgencia de la excitación; la necesidad de llenar el vacío y la soledad con el encuentro físico, sentido como más completo aunque sea anónimo; la búsqueda de una pareja a partir de un encuentro en que se busca mayor intimidad con el otro; el sentirse enamorado del otro hombre tomando el riesgo como prueba de amor hacia él(9).

Respecto a los mecanismos de que se vale alguien para autoengañarse y minimizar el riesgo que está corriendo, Mendès-Leite mostró como la información recibida en las campañas de salud sexual es reinterpretada, y los concernidos terminan valiéndose de otras protecciones, imaginarias y simbólicas, aunque ineficaces(10). Muchas de esas protecciones se vinculan a lo que hoy llamamos serosorting, es decir, la selección de partenaires imaginando que son seronegativos según los criterios más diversos. Así cita entre otros, el “juego de las apariencias” referido a la selección basada en la corpulencia, la higiene, etc. “La edad del peligro”, en que la selección se apoya en la edad. “Los placeres peligrosos”, el criterio son las prácticas sexuales atribuidas a cada partenaire. La “relación de confianza” vincula el grado de riesgo al conocimiento que se tiene del partenaire. El “pacto de sangre” da una seguridad basada en los sentimientos hacia el otro (amor, amistad, pasión). Además cita “mecanismos de mantenimiento” (de la seronegatividad), tales como el “pacto de silencio” dentro de la pareja, consistente en negar que haya otros compañeros sexuales por uno o ambos miembros, mientras no usan el condón dentro de la pareja si son seronegativos. Y por último habla de una actitud que remite al pensamiento mágico y se plasma en una creencia del orden del exorcismo, como el “test como exorcismo” que consiste en repetir periódicamente el test tras realizar sucesivas prácticas de riesgo y si dan negativo, creerse inmune al virus. Otro exorcismo señalado fue el dado por la posesión de preservativo, que consiste en confiar en la simple presencia del condón en el bolsillo, aunque no se lo emplee en las prácticas sexuales. La ansiedad y la forma de enfrentarse a ella pueden aumentar el riesgo, ya que el consumo de sustancias debilita el control racional de los actos, y este consumo suele coincidir con salidas a sitios de encuentro o con los encuentros mismos, lo que facilita las conductas de desprotección. Cuando la ansiedad se intenta cubrir con sexo compulsivo el resultado es parecido, pues hay una correlación entre la homofobia interiorizada y las prácticas de sexo anal desprotegido(11). Los efectos de la homofobia interiorizada suelen agravarse si la persona es infectada con VIH. Quien se sintió estigmatizado como homosexual, es probable que lo sienta otra vez al saberse seropositivo, lo que lo vuelve –al menos a sus ojos- otra vez en estigmatizable(12). Todos estos fenómenos se refieren a personas que teniendo la voluntad de protegerse, dejan puntualmente de hacerlo, lo que excluye a quienes prefieren en conciencia evitar el uso del condón, tema que abordaré en la próxima entrega.


BIBLIOGRAFÍA


1. Véase « Homofobia y Terapia Gestalt » (2010). Tesina presentada por Mario Gatti Díaz en la AETG, dirigida por Olga de Miguel Salazar.

2. Chauvin, Sébastien y Arnaud Lerch: « Sociologie de l’homosexualité ». La Découverte, Paris, 2013. Pág. 61.

3. Véase Gabriel Girard “Les homosexuels et le risque du sida”. Presses Universitaires de Rennes, 2013.

4. Véase Ricardo Llamas: “Teoría torcida”. Madrid, Siglo XXI. 1998. Páginas 160-70.

5. HSH, hombres que tienen sexo con hombres, denominación que incluye a aquellos que mantienen prácticas homosexuales y no consideran su orientación sexual ni como homo ni como bisexuales.

6. Para ampliar referencias y acceder al contenido de las campañas, véase http://www.sidastudi.org/resources/doc/111122-30anos30luchas_completo-1564589582560396970.pdf

7. Véase “La homofobia interiorizada. Visión y tratamiento en terapia gestalt” por Mario Gatti, en Revista de Terapia Gestalt Nº 33/2013. Páginas 238-250.

8. Véase el reciente estudio de la FELGTB para toda España en: http://www.cogam.es/secciones/derechos-humanos/documentos/i/1126287/146/estudio-2013-sobrediscriminacion-pororientacionsexual-y-o-identidad-de-genero-en-espana

9. Véase el artículo de Percy Fernández Dávila: “Necesidades no-sexuales que motivan a un grupo de hombres que tienen sexo con hombres a involucrarse en prácticas sexuales de alto riesgo” en la revista “Forum: qualitative social research. Sozialforshung”. Volumen 10, Nº 2, art.21, mayo 2009. El link es: http://www.qualitative-research.net/index.php/fqs/article/view/1295/2771

10. Mendès-Leite, Rommel: “Une autre forme de rationalité: les mécanismes de protection imaginaire et symbolique » en Calvez M. et al (dir). Les homosexuels face au sida. Rationalités et gestion des risques. Paris. Ed. ANRS, 1996. Pág. 65-76.

11. Martín, Gabriel J.: “La sindemia del VIH y la homofobia interiorizada” http://elblogdegabrieljmartin.blogspot.com.es/2013/10/la-sindemia-del-vih-y-la-homofobia.html

12. Véase la obra clásica de Erving Goffman: “Estigma. La identidad deteriorada”, de Erving Goffman. Buenos Aires, Amorrortu, 2010.


Publicado en Revista SEXPOL nº 111, octubre-diciembre 2013

RM/xt


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