viernes, 4 de septiembre de 2015

¡NO NOS OLVIDEMOS DEL SEXO!

 

Publicado en Revista SEXPOL, Revista de Información Sexológica, Número 116 (2015)

Autoría: Lucía Sánchez

 

 La sexualidad es una dimensión más de la estructura psicológica humana


Es sorprendente que aún hoy en día sea tan escaso el tratamiento que se da al área de la sexualidad desde la educación formal, en los colegios e institutos de este país. Pero es que en el resto de estamentos sociales, tampoco encontramos, como generalidad, como normalidad, un tratamiento natural, respetuoso, y abierto en torno a todo lo que se relacione con sexualidad.

Desde luego es muy evidente que se ha avanzado mucho y muy rápidamente si tenemos en cuenta la lentitud e incluso paralización de tantos años atrás. Ya se habla de sexo como un tema más en conversaciones habituales en la vida diaria. Hay programas informativos y formativos a nivel institucional. Hay interés en general por conocer más. Pero tengo la sensación de que este tratamiento no es general. Hay grupos sociales en un extremo y en otro y muchos más en diferentes puntos intermedios.

En mi vida cotidiana me relaciono, como cualquiera de nosotros, con muchas personas, con las que tengo distintos niveles de confianza: trabajo, vecinos, amigos, antiguos amigos, familia, hay personas de diferentes edades, con distintos niveles culturales y objetivos personales. En cada uno de estos contextos hay una variabilidad tremenda en las visiones que transmiten de su relación personal con la sexualidad. Y tengo ejemplos en mi cabeza que representan auto represión, desinformación, distorsiones diferentes, naturalidad… en fin, de todo.

Y eso es lo que me sorprende, que aún haya desinformación y actitudes negativas hacia lo sexual, aunque sea solo en algunos sectores. Me parece particularmente llamativo el caso de algunos grupos de gente más joven que con información escasa y distorsionada emplean el sexo como moneda de cambio para rebelarse, sentirse integrados, modernos o cubrir determinadas carencias emocionales individuales o familiares, por ejemplo. Además de los riesgos de las enfermedades de transmisión sexual, se produce una visión muy utilitarista del sexo, reduccionista, quitándole todo su carácter comunicativo y de bienestar personal, de placer y expresión del sí mismo.

Y todo esto ocurre cuando ya está más que demostrado y aceptado desde la sexología, la medicina, la psicología, la sociología… el carácter beneficioso y enriquecedor del sexo, cuando ya todos sabemos de sobra que es algo natural que forma parte de nosotros mismos y no es sensato ni justo ni sano reprimirlo o coartarlo. Que meter actitudes negativas de sufrimiento, suciedad, antinaturalidad etc., es  lo mismo que hacerlo con la persona misma en el resto de áreas que conforman su forma de ser, es decir, que es absolutamente perjudicial un tratamiento distorsionado y que, al contrario, su tratamiento natural, como una parte más de la persona, es beneficioso para el desarrollo de todas sus potencialidades, siendo un aspecto más de su bienestar y por tanto, de su felicidad.

Desde los medios de comunicación, desde los programas de formación sexual de 3 días en horario extraescolar de los colegios, desde los mensajes que se lanzan en tertulias televisivas, etc., se lanzan en muchas ocasiones mensajes nocivos en cuanto a una perspectiva distorsionada, reduccionista o como algo externo a la persona misma.

Una perspectiva más sociológica me lleva a considerar que quizás estas distorsiones, estos chistes machistas, estas risitas nerviosas son consecuencias de una pequeña rebeldía frente a los mensajes globales que recibimos de manera implícita desde estamentos “serios”: instituciones del estado, religiosas, educativas.  Y al final, tengo la sensación de que es en cierto modo, una negación social de una parte del individuo mismo, algo que, junto con el resto de áreas de su personalidad, creencias, actitudes, emociones…, etc., conforma un individuo  único y especial. Forma parte de las estrategias de control social, que permiten mantener el orden social: cada cosa en su sitio y a su tiempo, todo tranquilo y fuera individualidades, a más homogeneidad, menos problemas (a nivel social, porque a nivel individual es justo al revés…).

Y es que parece que todo apunta a que son justamente las áreas más íntimas y personales, aquellas que más nos definen como nosotros mismos, que son producto y realización personal y propia…, esas áreas son las que socialmente se obvian, se dejan a una especie de “desarrollo espontáneo”, y que cada cual salga de su lío como pueda.

A nivel social, aún queda por cumplir el objetivo de que la sociedad al completo, desde políticos a empresarios, trabajadores y parados, jóvenes y viejos, todos, comprendamos la importancia fundamental del desarrollo de competencias básicas en los niños y jóvenes: habilidades sociales, comunicación, negociación, gestión del tiempo, solución de problemas, inteligencia emocional... Y aunque cada vez esta perspectiva va ganado terreno y se va haciendo ya muy evidente su importancia, no se incorpora de manera general a los planes de estudio como algo realmente básico, prioritario…

No vamos a decir que conocer la historia de Felipe II, por ejemplo, no sea importante. Pero ya me contareis que hacemos con un niño tímido, introvertido, quizá con algún complejo, por ej., pero que se sabe de memoria la vida y hazañas de rey… ¿será feliz? La formación debe ser integral, porque las personas somos un todo integrado, no vamos por partes aisladas: conocimientos, actitudes, capacidades, método de trabajo, hábitos de reflexión y crítica constructiva, hábitos de salud… Lo más personal, lo más íntimo, lo más intrínsecamente nuestro, se deja a un lado, ya surgirá, se desarrollará o no, según los acontecimientos de la vida de cada cual, todo espontáneo, y por lo tanto, “natural”.

Sin embargo, sabemos por las investigaciones en neuropsicología, psicología social, psicología evolutiva…, que un apropiado desarrollo emocional permite a la persona enfrentarse a su día a día con mayor eficacia. Sabemos por los estudios realizados en inteligencia emocional que si la parte emocional del sujeto no está bien establecida, se acaba traduciendo en problemas personales, y afecta incluso a la parte “más racional” de su personalidad. Si siento ansiedad o agobio, puedo tener problemas de memoria, lentitud de reflejos, fallos en mi ejecución intelectual habitual; si no me comunico con eficacia, provoco malentendidos que se traducirán según el tema de que se trate, en problemas de diversa índole, si tengo una autoexigencia personal exagerada, me convierto en un tirano de mi mismo y probablemente de los demás, con exigencias no realistas, que siempre acaban en una sensación de fracaso, identificando la tarea con la persona, si no sé poner límites para defender mi territorio personal en el área íntima, social, familiar,  me encuentro siempre expuesto a miradas que no deseo, me siento vigilado y juzgado, etc…

Esto es lógico, justamente por la interrelación de todos estos elementos, como decíamos antes. Por ejemplo, la autoestima: si está bien establecida en la persona, si esta persona se quiere de manera incondicional porque es ella misma y punto, tenemos una base para evitar y/o solucionar problemas de relación social, de establecimiento de objetivos realistas, de problemas en el área de sexualidad, de pareja, de desarrollo profesional… Y al mismo tiempo hemos de considerar que todos estos elementos no solo actúan de manera lineal, si no que lo hacen en sentido bidireccional y además todos se relacionan con todos, creando una red en la que los déficits a partir de un grado determinado sirven para empeorar las cosas y los niveles positivos, permiten solventar déficits. A ver, voy a intentar explicarme.

Un problema sexual se solucionará previsiblemente más fácilmente si la persona tiene recursos personales como una buena autoestima, información correcta, si confía en sí misma, si no “dramatiza”, si puede buscar posibles causas concomitantes, como una discusión previa con su pareja, o un nivel de estrés laboral elevado, o algunas cervecitas de más… Esto facilitará su enfrentamiento al problema sin que su “yo” se vea afectado. Su autoestima y su autoconcepto permanecerán intactos, sus habilidades de comunicación y asertividad se verán probablemente reforzadas, al mismo tiempo que las podrá utilizar en su propio beneficio… etc.

Nos ocupamos desde pequeños de potenciar nuestro desarrollo profesional, establecemos toda una estrategia para contar, en unos años, con un buen curriculum, que sea competitivo y nos permita desarrollar todas las capacidades intelectuales. El desarrollo personal, el crecimiento interior queda un poco más en la indefinición. Y quizá sea esta una razón por la que llega un momento en que necesitamos plantearnos objetivos personales. Porque al final todos perseguimos metas muy parecidas, queremos estar bien, ser felices, sonreír, disfrutar de la vida. Y resulta que la mayor parte del trabajo es interior y hay que planteárselo expresamente para no dejarnos llevar por las modas, en definitiva por lo que nos dicen los demás.

El tratamiento del sexo en todo esto sigue siendo especial. Especial en el sentido de diferente. Estamos de acuerdo en que el sexo mola. Pero tendemos a desligarlo del resto de cosas que hacemos, sentimos y pensamos a diario. Es un área aislada de nuestra vida. Vivir la sexualidad plenamente supone vivir nosotros mismos con plenitud. Somos todo. No somos partes. Una baja asertividad, por ejemplo, me puede acarrear problemas en mi vida sexual. Puedo llegar a no saber qué quiero, qué me gusta, que es lo que no quiero y no me gusta. Esto provoca dudas e inseguridad y en definitiva un profundo malestar en mi vida que dura mucho más de lo que duró el suceso que me provocó esos sentimientos: cuando no supe decir que no a algo, o no supe pedir algo en mi intimidad sexual con alguien a quien había elegido.

Otro ejemplo, este desde la terapia de pareja: los celos. Esa inseguridad. Ese miedo, fundado o no, a que me mientan. Tanto si hay razones para estar celoso como si no las hay, la persona que siente celos tiene que trabajar o reforzar algo en su estructura personal interna. ¿Por qué, si tengo razones, permito que esto continúe?, ¿Por qué, si no tengo razones, siento así? Y aquí podemos identificar otra cadena: autoconfianza, orden mental, ideas racionales/irracionales, distorsiones cognitivas o análisis lógico de las situaciones, control emocional… etc., que provocará más o menos dificultades en función de cómo tengamos entrenados cada uno de esos elementos. Y nuevamente, a mejores capacidades y actitudes mejores pronósticos.

Todos estos vectores que conforman nuestra estructura personal surgen y se forman y van tomando fuerza en la infancia y la adolescencia. Todos se pueden trabajar en la edad adulta. Pero es en los primeros años cuando se establecen y se arraigan fuertemente los principales elementos de personalidad y hábitos. De manera natural el niño va incorporando a su estructura mental, su manera de ver el mundo y su manera de percibirse a sí mismo y a su familia y amigos. Hace su primer esquema corporal, su primer mapa mental de su casa y su barrio. En la medida en que estas cosas se incorporen de manera natural, sencilla, realista, con grandes dosis de autoaceptación incondicional, el desarrollo en la pubertad y adolescencia será menos conflictivo. Y en la edad adulta los problemas o inseguridades diversas se solucionarán de forma más sencilla, más eficaz, sin grandes altibajos.

Si el niño tiene dificultades para establecer su mapa corporal, es decir, si cuando cierra los ojos no es capaz de imaginarse su cuerpo tal cual es, indudablemente va a repercutir en su vida sexual. Si, además de esto, recibe información sobre partes buenas y malas en su propio cuerpo, es decir, en sí mismo, la repercusión en su vida sexual es también evidente. Y en ambos casos su autoestima y autoaceptación, como elementos previos,  van a estar tocadas. ¿Y sus relaciones sociales? Ya  los problemas de lateralización en la infancia y pubertad provocan inseguridades en la infancia y pubertad… pues en mayor grado los esquemas corporales mal establecidos y/o enjuiciados negativamente.

De esta forma, encontramos que el niño aprende a relacionarse como puede con sus iguales. Y así va creciendo. Luego le irán pasando cosas que le permitirán ir avanzando (o no). Pero hay bastantes posibilidades de que encuentre dificultades en su acercamiento al sexo, a vivir su sexualidad como una faceta más de su personalidad, como un medio  de comunicación y bienestar, satisfacción, placer…, es decir de conceptuarse como un ser sexual y real, acorde a un esquema corporal real, el propio, y no un dibujo impersonal o una foto de un desconocido en el libro de ciencias naturales. Y aceptarse como es y apreciarse por ser él /ella mismo/a.

Las tradiciones, el nivel cultural, las creencias religiosas, los dogmatismos políticos, los intereses económicos o de poder de algunos estamentos, etc., han ido amalgamándose a lo largo de la historia y se han ido impregnando en el fondo de nuestros cerebros y personalidades. Las familias se encargaron de afianzar determinadas formas de ser y estar. Desde el estado, las empresas, las universidades, las iglesias, los colegios… y hasta las sociedades gastronómicas, se transmiten maneras formales, correctas, adecuadas…, de relacionarse con uno mismo y con los demás… Al final no nos queda otra, adaptarse o morir.

Pero en este proceso de adaptación hacemos un doble esfuerzo, uno interior, más o menos sincero, personal, íntimo y otro de cara al exterior, que cumple con los requisitos que se demandan socialmente para poder sentirnos integrados y parte de la sociedad en que vivimos. En general, parece que hemos aprendido a llevar bien este difícil equilibrio. Pero también conlleva un desgaste. A algunos les merece la pena, puesto que son caminos ya muy bien trabajados y se trata de dejarse llevar. Se maneja el doble juego: sé lo que tengo que hacer y decir según el contexto en que me encuentre y en mi intimidad puedo seguir ese canon, o no, como yo quiera, no necesito mantener una coherencia. A otros, les puede llegar un momento en la vida en que no quieren seguir jugando a dos bandas, en que les apetece vivir su vida plenamente y desarrollar la complejidad de áreas que forman la estructura interior de una persona. Les apetece expresar su manera de sentir y vivir con coherencia.

En todo este proceso el control de la faceta sexual de los individuos permite conseguir un orden social, a expensas de coartar la expresión de la propia individualidad. Por eso es el individuo el que se rebela, al menos en la etapa de adolescencia, o las asociaciones civiles, grupos de ciudadanos más o menos organizados con un objetivo común. Cuando se consigue llegar a un estamento social, que al fin y al cabo también está constituido por personas, es cuando se produce un pequeño cambio. Entonces es cuando hablamos de que la sociedad empieza a concienciarse de algo.

El papel del morbo y lo prohibido es importante. Una prohibición aumenta el deseo sexual en muchas personas, lo morboso puede incrementar la excitación. La increíble adaptabilidad del ser humano ha sabido hacer del defecto, virtud, aprovechando la situación imperante en épocas pasadas de desinformación y secretismo en todo lo referente a sexualidad, para sacar de ahí una gran ventaja: mejorar el placer, sentirme mejor, expresarme más como soy, etc. Esto, creo, que, por otra parte es lo que ha permitido que las cosas hayan permanecido inmovilizadas durante siglos. Y, al mismo tiempo, es lo que ha permitido que millones de personas no anulasen totalmente esa parte tan importante de sí mismas, les ha permitido no asfixiarse en el cumplimiento de la norma social.

Al final parece que se trata de un proceso en paralelo, individual y social, en el que nos sinceremos con nosotros mismos y nos quitemos de encima miedos y prejuicios. Si el objetivo personal y el social coinciden en buscar el bienestar, deberíamos aproximarnos aunque sea poco a poco a todo aquello que lo favorece. Si valoramos la esencia en vez de las pertenencias, como sociedad, será más fácil como individuos hacer cada cual su camino personal de crecimiento y desarrollo. Si como sujetos individuales, uno a uno, favorecemos el respeto incondicional a todos los demás, conformaremos una sociedad más relajada que busca la felicidad de todos sus miembros y promueve el desarrollo individual, abarcando este desarrollo todas las áreas incluidas en la estructura de personalidad, creencias, actitudes etc.

El avance tan lento de épocas anteriores, a veces casi imperceptible, se ha ido acelerando muy despacio. Creo que la velocidad se va incrementando cada vez más y que es un proceso sin vuelta atrás. La conciencia social es un acelerante. Se trata, al fin y al cabo, de aceptar todo lo que forma parte de nosotros y valorarlo y apreciarlo justamente por eso. Cuidar y trabajar todo aquello que forma parte del ser humano y lo hace único y especial.

Publicado en SEXPOL, Revista de Información Sexológica nº 116, enero-marzo 2015



RM/xt

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